¡Vaya, vaya, vaya!
Ya era hora de que me topara con un tema de mi absoluto interés…
A ver, te explicaré lo que yo sé, espero enriquecer tu perspectiva:
En la industria de la música, como todos sabemos, existe lo que se llama “guerra sucia” en contra de la piratería, pero esta guerra tiene dos vertientes muy importantes:
La primera, tiene que ver con la masiva distribución de pistas de álbumes convertidos a mp3.
La segunda, y más importante, es la de la aún más masiva distribución, pero de discos piratas.
En esencia, la guerra es en contra de ambas vertientes. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que, si hablamos de un programa que convierte pistas a mp3, también hablamos de programas que convierten mp3 a pistas; y es este hecho el que da lugar a los discos piratas ue se venden en las calles.
Muchos consumidores tienen razón al pensar que no es una buena inversión, gastar $120 en un album del que sólo rescatarán 1, 2, 3, ó 4 canciones, pero ponte en el lugar de los compositores: ¿Es culpa de ellos que este fenómeno se genere? Es decir, si yo escribo 12 canciones que te incluiré en un album, como artista, lo que pretendo hacer es ofrecerte lo que mis sentimientos me dictan, no lo que a ti te guste.
Desafortunadamente, esta guerra se ha convertido en “sucia” por causa de los medios. Hoy en día, lo que vende es lo que más publicidad tiene. Por ello, algunos seguidores de algunos géneros específicos, como por ejemplo el metal, odiamos lo que se comercializa, porque eventualmente se echa a perder.
Ahí está el caso de Metallica. En un principio, compartía escenario con el legendario Pantera: hoy, hasta Kid Rock se da el lujo de tocar un éxito de ellos, pero convertido en basura pura. ¿Consecuencias? Cualquiera escuchaba Metallica. Y con “cualquiera” me refiero a que había quien en su autoestéreo, podía tener un disco de Metallica, así como uno de Britney Spears. Eso dio lugar a la comentada demanda de Metallica a Napster.
La mercadotecnia nos ha enseñado que la música debe ser selecta; la historia de la música, que no hubo mejor o peor obra de Mozart. He ahí la enorme diferencia que estriba entre lo que la gente quiere y lo debe o no ser correcto a la hora de comprar música.
Estamos de acuerdo en que la música es una industria que, probablemente, tenga mucha cola que le pisen, pero tampoco podemos negar que, quien es músico, vive de rebanadas de notas musicales.
En mi personal ejemplo, no soy músico profesional, pero tampoco soy amateur, y así como no he grabado un disco con alguna firma comercial, sí me he parado en un escenario a cantarle a la audiencia lo que escribo, pero imagina lo tedioso que es sentarte por horas a componer una canción: escribir la letra, hacerle arreglos, componer la música intrumento por instrumento, hacer arreglos en la música, tomar las fotos para el booklet, hacer los dibujos que conformarán el arte en el disco, grabar, hacer los arreglos de la grabación, composición de las pistas y, finalmente, la distribución de las copias.
En otras palabras, no sólo se afecta al músico, entiéndase compositor o intérprete, sino también a toda la empresa comercial que trabaja y se desvela para que vayamos a un Mix Up a comprar un album por el que gastaremos un mínimo de $120 y que disfrutaremos de ahí en adelante por tanto tiempo como hagamos durar el disco; y así como disfrutaremos de la música por la que los compositores se partieron el coco, también disfrutaremos del apartado fotográfico y arte en album que la gente entorno al artista, nos ofrece.
Mi sugerencia es la siguiente: baja un mp3, si te gusta, compra el album y respáldalo o conviértelo a mp3 para tenerlo a la mano en tu computadora; si temes que no te gustará el album completo, no bajes un mp3, mejor escucha la radio.
Espero haber despejado tus dudas y aportado algo a este tema tan interesante. (:
Saludos.